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Publicado 2020-05-29
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Un hombre revela cómo sobrevivió al encontrarse con la tribu de una isla prohibida

Hace unos años, la noticia de la muerte de un turista estadounidense que había visitado ilegalmente la famosa pero aislada isla Sentinel del Norte causó un gran revuelo en torno a los habitantes del pequeño islote. A día de hoy, son uno de los pocos grupos no contactados que quedan en el mundo, y eso se debe especialmente a la complicada geografía del territorio.

Sentinel del Norte se encuentra fuera de las principales rutas de navegación, rodeada por un arrecife poco profundo y sin puertos naturales, en parte por las leyes de protección impuestas por el gobierno indio y, por otro lado, por la gran ferocidad con la que los locales defienden su hogar de otros extraños. Sin embargo, ha habido numerosos intentos de contacto en los últimos 200 años, a veces terminando mal para ambas partes.

Según las estimaciones de los expertos, probablemente haya entre 80 y 150 personas en la isla, aunque también podrían ser 500 o solamente 15. Los sentineleses están relacionados con otros grupos de las Islas Andaman, un archipiélago de la Behía de Bengala, en la India. Sin embargo, éstos han estado tan aislados que ni siquiera otros semejantes pueden entender su idioma.

Como jefe regional del Ministerio de Asuntos Tribales de la India, un antropólogo llamado Pandit fue uno de los hombres que más se esforzó por llegar y entablar algún tipo de relación con la comunidad isleña, a lo largo de período que abarca décadas. Pandit, que ahora tiene 86 años, dice por experiencia propia que el grupo "solo busca la paz" y que su temible reputación es injusta.

"Me siento muy triste por la muerte de este joven que vino de Estados Unidos, pero cometió un error. Tuvo el timpo suficiente para salvarse, pero él quiso insistir y acabó pagando con su vida", dijo Pandit. El experto se dispuso a visitar Sentinel del Norte en el año 1967 como parte de un grupo de expedición. "Durante nuestras interacciones nos amenazaron, pero cada vez que se agitaban, nosotros retrocedíamos", afirma.

Al principio, los sentineleses se escondían rápidamente en lo más profundo de la isla cada vez que llegaban visitantes, pero en posteriores encuentros, no dudaron en sacar sus arcos y disparar con flechas. Pandit dijo que su grupo de expedición se encargó de llevarles una selección de artículos para atraer, en cierta medida, el contacto, aunque fue complicado.

"Les traímos sartenes y ollas, una gran cantidad de cocos, herramientas de hierro como martillos y cuchillos largos. También nos acompañaros 3 miembros de la tribu de Onge para ayudarnos a interpretar su habla y comportamiento", recordó Pandit en un ensayo que escribió posteriormente. "Pero los sentineleses nos enfrentaron con rostros enojados y completamente armados, con arcos y flechas".

Tras varias expediciones, su primer avance se produjo en 1991, cuando la tribu salió a acercarse pacíficamente a ellos en el océano. "Estábamos desconcertados. Fue su decisión reunirse con nosotros, y todo fue bajo sus propios términos. Saltamos del bote y nos quedamos quietos con el agua hasta el cuello, dándoles los cocos y otros regalos. Sin embargo, no se nos permitió entrar a la isla".

Durante un tenso intercambio con un joven, un miembro del grupo lo amenazó severamente. "Mientras les estaban dando los cocos, me separó un poco del equipo y me acerqué demasiado a la orilla. Un joven sentinel agarró su cuchillo y me indicó que me cortaría la cabeza. Me retiré rápidamente. El gesto del niño mostró que no éramos bienvenidos".
Hoy en día, el gobierno indio ha abandonado las expediciones, y todos los extranjeros tienen prohibido acercarse a la isla, ya que los pone en un gran riesgo al no tener inmunidad frente a las enfermedades comunes, como la gripe o el sarampión.

Pandit afirmó que los miembros de sus grupos siempre fueron evaluados previamente para detectar posibles enfermedades transmisibles, y que solo aquellos con buena salud podían viajar a Sentinel del Norte. El joven que fue asesinado en la isla, que se llamaba Chau, no tenía permiso oficial para viajar. De hecho, les pagó a unos pescadores locales unos 350 dólares para llegar allí con la esperanza de convertir a la tribu al cristianismo. Si te ha gustado el artículo, no dudes en dejar tu comentario al respecto.
Fuente: Instagram/Twitter/Google Maps

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